lunes, 8 de enero de 2018

Reseña: Las Cronicas de la serpiente emplumada.


Portada del primer libro

Las crónicas de la serpiente emplumada, es una ucronía escrita por Edgardo Civallero. Antes que nada una aclaración, según Wikipedia:

La ucronía es un género literario que también podría denominarse novela histórica alternativa y que se caracteriza porque la trama transcurre en un mundo desarrollado a partir de un punto en el pasado en el que algún acontecimiento sucedió de forma diferente a como ocurrió en realidad (por ejemplo, los vencidos de determinada guerra serían los vencedores, o tal o cual rey continuó reinando durante mucho tiempo porque no murió fruto de las heridas recibidas). La ucronía especula sobre realidades alternativas ficticias, en las cuales los hechos se han desarrollado de diferente forma de como los conocemos.

En este mundo alternativo, estas cosas no pasaran
Esta historia un poco descabellada para algunos (pero factible) nos transporta a una realidad alternativa, donde Colon tras hacer su gran descubrimiento, se hunde en el Atlántico durante su viaje de regreso a Europa, llevándose con él cualquier posibilidad de que el imperio español que en nuestra propia línea de tiempo tuvo lugar, llegue a existir, en toda su gloria y tragedia. Esto da pie a que la los acontecimientos den un giro tan radical que su resultado es un mundo un poco difícil de imaginar. Una realidad donde la cultura dominante es la mexica y la que se esfuerza por no extinguirse es la europea, especialmente la castellana.
La historia se divide en tres libros y uno adicional, que es casi como un epilogo, teniendo lugar siglos después de que las historias narradas en los anteriores tres volúmenes tuvieran lugar. Estos son:

1-El libro del mensajero.
2-El libro del guerrero.
3-El libro del heredero.
4-Regreso al principio.

El primer libro aclara rápidamente como esta increíble versión de la realidad podría ser posible, de una manera creíble, teniendo cuidado con los detalles, respetando las lenguas de los pueblos nativos (y el español clásico de los hispanos) donde los exploradores llegan y las exquisitas descripciones de los aspectos culturales de los pueblos mesoamericanos, sus comidas, costumbres, historias, dioses etc.

Los exploradores de Colon que quedaron en la isla de Cuba, tras la partida de vuelta a España del resto de la tripulación, luchan por sobrevivir, luego de demasiado tiempo sin noticias de su líder o de cualquiera al otro lado del mar. Enfrentando la amenaza de los locales, la enfermedad y el hambre, este grupo de hombres decidirá emprender una aventura asombrosa en busca de oportunidades de vida y riqueza… aunque unos cuantos morirá en el intento.
Tenochtitlan, El doble de grande que la Sevilla de su tiempo, la que fue llamada "La Venecia del nuevo mundo" por los hispanos, no tenia cosa alguna que envidiar a cualquier gran ciudad contemporánea. Los mexicas, si en algo no necesitaban sentirse inferiores a los europeos era en su habilidad para construir, incluso sin bestias de carga.
De este modo cruzaran ríos, pantanos y pueblos, hasta dar con el mayor imperio de la región: Los aztecas, quienes pronto se dan cuenta de que estas personas si bien no son enviados de los dioses, son una oportunidad única. Los astutos mexicas pronto sacaran provecho de las tecnologías que tienen para ofrecer nuestro grupo de hispanos, dándole el empujón que esta civilización necesitaba, ya que si en algo eran notablemente flacos en comparación con los europeos, era en la sofisticación de sus armas y su cultura bélica. Con la ayuda de los “mensajeros” como deciden apodar los mexicas a los exploradores, este pueblo se convierte en una superpotencia muy pronto, reinando con una riqueza y gloria jamás vista en América, no teniendo nada que envidiar al imperio romano en su mejor momento.

Esta saga, al menos en los tres primeros libros, transcurre en dos puntos del tiempo paralelos, el primero, el ya mencionado: Momento donde Colon pisa América por primera vez, en el año 1493 y luego, el momento de la primera invasión Mexica de Europa, en el año 1521. Estos puntos de vista se van alternando de un capitulo a otro, permitiendo ver no solo los comienzos de esta enmarañada historia, sino también el resultado de la misma.
Kukulkan, mejor conocido como Quetzalcoatl. Uno de los dioses principales de los mexicas y siendo dios de los vientos, su imagen decora las velas de la armada azteca.

Aunque no se tiene muchos personajes recurrentes, destacan unos pocos, con los que llegas a empatizar, sin embargo casi siempre son solo instrumentos narrativos momentáneos, pero hay buenas razones por las que estas personas son elegidas como intermediarios para narrar la historia, incluso si no lo sabemos en el momento.  



Huitzilopochtli:
 A un lado Jesucristo, un dios más poderoso ha llegado!!
 Pese a lo que algunos pudieran pensar, en esta saga no se pretende poner de malos a los Españoles y buenos a los Mexicas, en realidad, se llega a sentir empatía, lastima, admiración e incluso asco por cualquier bando involucrado. Como en casi toda guerra, no existe ningún bando verdaderamente bueno, sea quien sea el vencedor, siempre hay cosas buenas que se ganan y muchas otras que se pierden.
Tanto como yo me maraville de ver brillar a los imperios de Mesoamérica, me dio pesar ver como las culturas de Europa occidental fueron pisoteadas cuando recién comenzaban a levantar la cabeza tras la edad media.
Pero por otro lado fue orgásmico el momento donde leí que el Papa fue sacrificado por los mexicas a Huitzilopochtli XDDD

Si te gusta la historia, creo que una buena ucronía seria una excelente lectura, ya que ofrece un punto de vista diferente y en el caso de esta Saga, sumamente interesante ya que un solo pequeño cambio, alteró para siempre el destino de millones de personas, de culturas, de religiones, de la construcción de poderosos reinos y la destrucción de otros.

viernes, 29 de diciembre de 2017

El edén del infierno: Acto 2-Capítulo 13



13
Tratos y persecuciones

F
ueron directo a las duchas, no había distinción de género, pues cada una daba suficiente privacidad. Aunque Jean sintió deseos de quejarse, por el mínimo tamaño del vestidor, que antecedía a cada ducha individual. Muchos Drovlight se bañaron en el transcurso de la mañana, pero todavía había un buen número entrando y saliendo.
-¿Puedes oírme?-Nicola masculló en la ducha contigua.
Jean, bajo el chorro de agua frio, alzó la cabeza por instinto al oír el familiar sonido de la voz de su primo.
-¿Lo suficiente, que sucede?-preguntó ella, segura de que su conversación seria privada, mientras permaneciera debajo del ruido de las duchas abiertas.
-Anoche, antes de encontrarte, fui a la habitación de Mairel, pensando que podrías haber ido hacia allá-soltó el pelirrojo con ligereza-no estabas ahí, pero pude ver a Trixi.
Jean no habló.
-Ella no se dio cuenta de mi presencia-siguió contando-estaba llamando compulsivamente por su teléfono, creí que estaría intentando hablar con Úrsula, pero cuando por fin pudo comunicarse, le oí decir “Me alegro mucho de saber que estás a salvo, tío
Jean entornó los ojos y no era por el agua circulando en su jabonoso cuerpo.
-Te juro, que me había olvidado de él-admitió la Wholferd con cansancio, pero dejando evidencia de rechazo en su tono.
-es típico de ti-le recordó Nicola con pragmatismo-el hecho, es que Félix está vivo, solo para que lo sepas.
-Me tiene sin cuidado-le hizo saber ella, tomando un poco de crema de peinar para untársela, pero sin cerrar la regadera, en un intento de conservar privacidad.
-Yo no soy su fan, pero siento que a veces, eres demasiado dura con él-comentó, con un atisbo de tristeza en su voz.
Los ojos de Jean se perdieron en el suelo, contemplando el agua correr y con las manos aun en su cabello. Su mente viajó atrás en el tiempo, recordando el principal motivo de su rechazo a Félix Wholferd. La piel se le erizó y tragó fuertemente.
No puedo terminar de entenderlo-confesó Adon, frustrado-yo conozco tus sentimientos, pero… esto no lo acabo de asimilar.
 Porque tú no piensas como yo, así de fácil-respondió mentalmente ella.
-¿Jean?-llamó Nicola ante el silencio repentino.
-Nos traicionó-dijo por fin ella-y eso acabó con nuestra familia.
La mujer supo que Nicola entendió a lo que se refería. No hablaba de los Wholferd en general, Jean hacía referencia a su hogar, a sus parientes directos, que conformaban el entorno donde vivió.
-no lo puedo defender, pero era un hombre infeliz, que no pudo probar nunca su valía, eso me hace sentir más lástima que odio hacia él-dijo el Wholferd.
-Nicola, los Wholferd no teníamos culpa de que fuera un fracasado. No se esperaba mucho de Félix y aun así, no estuvo a la altura. Es natural que nuestro abuelo estuviera decepcionado.
-¿Es por él, verdad?
Jean dejó que su silencio hablara por ella mientras usaba sus dedos para desenredarse el pelo. Pasó un minuto de quietud, hasta que ella optó por explicarse:
-quiero a Félix lejos de mi vida por varios motivos, pero el mayor de todos es ese.
-Sabes que el abuelo, a pesar de todo amaba a Félix, bastardo, mestizo e imperfecto…. ¿Quiénes somos nosotros entonces para decirle indigno, Jean?
-Los que sobrevivimos, Nicola, eso somos-espetó ella cerrando fuertemente los ojos y frunciendo el ceño-y nuestro abuelo no, está muerto, por culpa de Félix. Solo tengo algo más que alegar y no quiero continuar hablando de esto…
Nicola no interrumpió a la chica.
-por los errores que cometió, ni siquiera Jean-Russ le habría perdonado y deberías saberlo-agregó la cazadora-nuestro abuelo era ante todo un Wholferd, él no hubiera odiado a Félix ni siquiera por matarlo, dado que se sentía responsable por haber fallado como padre y dado un hijo tan insuficiente… pero no le habría perdonado arremeter contra el resto de la familia, no le habría perdonado nunca la sangre Wholferd derramada por su puro descontento.
Jean-Russ era una de las personas que Jean había amado más en su vida, su abuelo era más atento con ella, incluso que su padre. Se pasaba las tardes cuidando el jardín trasero de la casa solariega y no era raro que sacase a sus nietos de Rodffrider, a alguno de los residenciales rurales para pasar un agradable fin de semana en sus campos verdes durante la primavera, jugando a la pelota o montando a caballo. Sin embargo, todo acabó fugazmente, Jean recordó que sentir las manos manchadas con la sangre de Jean-Russ, fue su primera memoria turbulenta y una forma de mal augurio, que antecedió al fin de Wholferd.
-Espero-interrumpió Nicola sus pensamientos-que al menos esa demonia con la que simpatizó nuestro tío, haya estado muy buena, porque si no, nada tiene lógica.
Lo único ilógico para Jean, era que los Drovlight hubieran dejado vivir a Félix…


-Es rudimentario pero funcional-dijo Ruslan en protonórdico.
Jean asomó la cabeza en una habitación con la puerta entreabierta, al otro lado del umbral, había sombras de varias personas. La chica decidió dejarse llevar por la curiosidad, tenía un poco de tiempo libre antes de partir, de todos modos. 
Ella entró.
En el recinto estaban Ruslan, Katiuska y Yuri, rodeados de cacharros que Jean no conseguía comprender. Muchos artilugios se regaban por el piso, con alguna que otra mancha de aceite. Ruslan reposaba en una mesa amplia, contra la pared opuesta, flanqueado por sus amigos. Katiuska estaba sentada sobre dicha mesa y Yuri se inclinaba sobre esta sin tocarla, buscando ver lo que Ruslan hacía, bajo un cegador foco de luz blanca.
-¿Wholferd, necesitas algo?-habló Ruslan dándose un poco la vuelta en su silla móvil.
-en realidad no, vine a falta de algo mejor en que gastar tiempo, parecía interesante lo que hacen-dijo ella en protonórdico igualmente. A continuación vio a Yuri observarla, mejor dicho observar una de sus manos.
-lo era-admitió Ruslan haciendo como Yuri, al mirar lo que ella traía en la mano-pero esa cerveza se ve más interesante, dame un trago.
Jean frunciendo un poco el ceño le siguió la corriente y le extendió la bebida. La había conseguido poco después de salir y pretendía volver a reunirse con Nicola en el exterior, hasta que se desvió. Ruslan aceptó el vaso y le dio un refrescante sorbo.
-¡Odín! Es obra de su perfección, ¿verdad Yuri?
El mencionado asintió enérgicamente. De pronto Katiuska le arrebató la cerveza a Ruslan y la extendió de regreso a la pelirroja, quien algo confundida la tomó de vuelta. Ruslan le dedicó una mirada acusatoria a la mujer Drovlight, en tanto ella mantuvo su expresión reprobatoria.
-compórtate, ella no es nosotros-regañó.
Ruslan resopló. Yuri se rió entre dientes.
Jean observó con curiosidad imperante al silencioso Drovlight, el cual, al verse señalado por los ojos de la cazadora Wholferd, se encogió de hombros en su dirección, a modo de pregunta.
-¿No quiero ser grosera, pero, por qué no hablas?-quiso saber ella.
Los Drovlight enmudecieron y se miraron entre si, como buscando un consenso. Jean se preguntaba insistentemente si dijo algo malo. Hasta que el propio Yuri mirándola finalmente, se tocó la garganta y se forzó a decir atropelladamente una corta frase:
-No… puedo…-articuló, contorsionando su cara, demostrando que para él hablar era doloroso.
Jean alzó las cejas con ademan interesado.
-un día hace años, Yuri luchó contra un demonio venenoso-contó Katiuska con desagrado- y tuvo la brillante idea de morderlo.
-morderl…. ¿espera? ¿Va enserio?-dijo Jean abriendo mucho los ojos, totalmente pasmada -cuan idiota hay que ser…
Antes de terminar la oración Ruslan y Katiuska dispararon sus miradas hacia Yuri, como si lo acusaran de homicidio. El Drovlight mudo bajó la mirada enteramente avergonzado, incluso se había sonrojado pronunciadamente. Jean, para variar, deseó poder tomar de regreso esas palabras que antes de darse cuenta, habían escapado de su boca.
-no hay que ser idiota… solo hay que ser Yuri-amonestó Ruslan sonriendo con crueldad a su congénere-alguien a quien no se le ocurrió pensar que el veneno demoniaco podría freírle las cuerdas bocales.
Ruslan se dio la vuelta para volver a trabajar en lo que sea que estuviera haciendo. Katiuska se rió sin reparo del negro humor de su amigo.
-desde entonces es mudo-explicó la mujer a la pelirroja-puede usar el lenguaje de señas, pero generalmente se conforma con su lenguaje corporal para darse a entender.
Jean asintió. Avanzó un poco para mirar el trabajo de Ruslan, mientras ella todavía disfrutaba de su bebida alcohólica.
-¿has encontrado algo interesante en las armas FAID?-interrogó.
Sobre la mesa había un montón de rifles desarmados, y básicamente, cortados en pedazos. Ruslan no tuvo piedad para diseccionar las armas incautadas.
-son funcionales, pero están al menos dos siglos y medio detrás de nosotros-comentó observando el cañón del arma-aunque no se les puede culpar, ellos no desarrollarán una tecnología que no pueden usar, como es el captor de energía demoniaca, que nos permite usar nuestro propio poder para recargar las armas directamente, sin cartuchos.
-porque los mestizos no producen su propia energía demoniaca-señaló Jean bebiendo un trago de cerveza espumosa-en realidad les hace tanto daño como la radiación.
Ruslan asintió enérgicamente.
-el otro problema… es el material-tomó una bala de alto calibre, había sido cortada a la mitad para observar su interior rojizo-ellos usan acero y otros metales terrenales, los Drovlight, usamos Cuarzo fatuo, un metal de la zona demoniaca, para fabricar nuestras armas y armaduras.
Jean se apoyó en la silla de Ruslan, quien estaba muy absorto en su trabajo y disfrutaba, sin duda, de cada momento que pasaba dando explicaciones a otras personas sobre sus descubrimientos.
-yo no hago armas, las uso-dijo la Wholferd con un encogimiento de hombros-¿qué diferencia hace el metal demoniaco sobre el terrenal?
-el Cuarzo fatuo es más fuerte que el acero y conduce mejor la energía demoniaca, es como la electricidad  con el cobre. No necesito decir que es superior cumpliendo todas las funciones que le exigimos, relacionado a la lucha contra los demonios. Resistente, duradero, conductivo y maleable.
Jean pensó en los demonios siendo fulminados antes de siquiera tocar a los cazadores. Las armas terrenales, no FAID, podían matar demonios también, pero eran mucho menos efectivas, porque no penalizaban la regeneración de los demonios ni atravesaban las corazas más sólidas. Las balas de cazadores eran energía pura, ardiendo a miles de grados, compararse a tal cosa requería estar en una liga muy superior.
-incluso huele mejor-comentó Katiuska con desdén hacia el arma FAID.
-¿lo hace?-dijo Jean extrañada, mirando la bala que Ruslan tenía en mano.
El asintió.
-Esta cosa FAID… huele a… metal calcinado, y algo que no puedo describir-explicó estudiando la bala con intensidad-nada natural de este mundo huele así.


¿Era casa de Medici, o era casa de un amigo suyo? ¿Si poseía ese lugar bajo el nombre de otras personas, contaba como suyo? Jean se permitió divagar un momento, a la vez que contemplaba la pequeña pero lujosa casa cercada. El cielo era extrañamente azul, pese al humo que le opacaba cada tanto, las llamas de la noche anterior no podían olvidarse tan arbitrariamente.
No encontraron resistencia en el viaje, los FAID debían estar agotados, entre los demonios de la sociedad y los de la secta, tuvo que ser una matanza interminable para las supuestas fuerzas del orden. Jean, acompañada de su primo y un grupo de Drovlight, entraron a la propiedad. Desde afuera no lucia tan devastada, pero en el jardín exterior todo parecía arrasado por un huracán de fuego: la vegetación aplastada, manchada de sangre y un poco chamuscada… cadáveres de los guardias formaban pequeñas montañas en las esquinas, para que no estorbasen.
Varios demonios aun vigilaban. Ataviados todavía en la ropa típica de los miembros de la guardia: una túnica larga, generalmente negra, con el símbolo de la Sociedad demoniaca en su espalda, la línea curva con espinas que se enroscaba en sí misma, algo parecido a un oroboro, la serpiente que se auto devoraba. Jean había visto pocas veces dicho emblema, solo estaba presente en lugares que quisieran dejar claro su vinculo con tal organización.
Era verdad que los pseudodemonios ponían todo en orden, pero sin la sociedad demoniaca, la convivencia que imperaba en el presente sería imposible, dado que eran ellos los encargados de vigilar y proteger a quienes realmente, solo querían vivir en el mundo terrenal. También se hacían cargo de algunos demonios problemáticos, fuera con sus propias manos o llamando a los cazadores, así como resolver disputas internas entre seres demoniacos y mantener la discreción frente a la población humana.
Otrora los pseudodemonios y los demonios eran enemigos mortales, incapaces de imaginar la coexistencia, pero con el tiempo, se llegó a acuerdos. Eso solo pudo ocurrir cuando los demonios tomaron la decisión de organizarse y no dejar que sus coetáneos hicieran lo que les diera la gana. Dichos acuerdos eran un secreto bien guardado, de los cazadores, para el resto de la humanidad…
-mira, es la mujer que nos llamaba inútiles-la recibió una voz conocida mientras entraban al vestíbulo de la casa.
Jean entornó los ojos y se fijó en una de las figuras que estaban estacionadas a los lados de la entrada.
Bakom.
-Como si se hubiera equivocado cuando lo dijo-la defendió Nicola, deteniéndose junto con la mujer pelirroja para encarar al demonio. Hasta los Drovlight pararon para mirar.
Bakom se quitó la capucha dejando a todos ver su sudoroso cabello rubio. Resopló y cruzó los brazos sobre su pecho.
-Eso es pasado, tampoco me puedes pedir tanto-se defendió poniendo en blanco sus azules ojos-asumí el mando en un mal momento.
-Debo felicitarte-admitió Jean otorgándole una mordaz sonrisa un tanto presumida, pese a que el alago era genuino. La expresión de su cara era perfectamente visible para Bakom y sus acompañantes, ya que Jean no traía casco o mascara a pesar de estar ataviada en su armadura Drovlight-ya no eres un inútil, te luciste bastante aquí.
Bakom soltó una carcajada.
-No podía ser de otro modo… no vengarse era imposible-habló con rencor, pero a la vez se sentía el jubilo en su voz. Notando la mirada intrigada que le dedicaban aclaró: Estos bastardos fueron responsables de la muerte de mi antecesor… todos ya lo sabíamos, pero ayer Melisa lo confirmó.
-¿Melisa…?-inquirió Nicola, interrogante.
-¿No has oído de ella? Según lo que sabemos, es una favorita de la Matriarca.
Los Drovlight estaban perdidos en la conversación, lejos de reconocer los nombres, de hecho no tenían idea que Jean conociera al Kyubi.
Jean hizo un mohín.
-No la conozco exactamente-dijo y compartió un miramiento con Nicola-pero Angélica si, en alguna conversación la nombró-agregó y se volvió a Bakom-Melisa Verselius, una Mainyu, creo.
Bakom aceptó efusivamente con la cabeza.
-Esa misma, por algún motivo se unió a la facción de la secta-informó el Kyubi-anoche cuando nos encontramos, demostró tener una lengua muy larga y no se controlaba al usarla.
Un Drovlight no pudo contener la risa. Otros le siguieron, Nicola casi se une a ellos, solo mirando la impoluta cara de Jean, quien no mostraba señal de humor, pudo contenerse.
Bakom le dirigió una mirada reprobatoria a los rubios.
-¿si, bueno… y que hay en este lugar?-preguntó la pelirroja Wholferd.
-Nada por aquí arriba, es en el sótano que la gente está buscando, es donde tenían las cosas interesantes-expresó el demonio-Aleskandra está ahí.
Adon rió.
Lo siento, es que siempre tienes que hacer y decir precisamente lo que no te gusta…-dijo él en la mente de su ama.
-Llévanos con ella-dijo con mal sabor en la boca, y profiriendo mentalmente una injuria a su adjunto.

El grupo de personas, guiados por Bakom y un escaso sequito de demonios encapuchados, bajó por unas escaleras discretas, que habían estado escondidas en una habitación, cuya puerta fue cerrada herméticamente. Los pseudodemonios la destrozaron para pasar, con tal salvajismo que parecía cosa más propia de demonios inferiores que de cazadores, la puerta estaba arrancada y colocada contra la pared opuesta al marco donde otrora se encontraba.
Si Taius no hubiera estado todavía en Daggry Poxirr, Jean estaría convencida que aquella salvajada fue cosa suya.
Abajo ya todo estaba encendido, no había rastro de oscuridad alguna. Inmediatamente los recién llegados vieron a los Drovlight hurgando en todas partes. Era una pequeña instalación, pero muy abarrotada. Había múltiples libreras y escritorios, mesas de trabajo y diseño, así como alguna que otra máquina. 
Aleskandra, quien miraba un plano sobre una mesa, se volvió al grupo entrante y enseguida dejó su investigación. La mujer estaba en un traje Drovlight, pero no era común, parecía bastante personalizado, con mas blindaje de lo normal y dicho blindaje tenia formas decorativas talladas. Otras armaduras también tenían relieves, especialmente letras del alfabeto rúnico, pero la de Aleskandra era especialmente prodigiosa en su decoración, además que sus hombreras destacaban por tener una forma que Jean juraría, se asemejaba a las cabezas de los osos.
-¡Al fin!-declaró ella en protonórdico dando una palmada para asegurarse de tener toda la atención-no hay tiempo que perder, empiecen a buscar con los demás, por los ancestros que la paz no durará para siempre.
Jean feliz de no tener que entablar dialogo con la rubia, siguió la orden sin pensarlo. Revisaron todo material a la vista. La Wholferd se enfocaba en los libros, la mayoría eran tomos y tomos de teoría sobre el funcionamiento de la energía de los demonios, recopilaciones de todo el conocimiento que los humanos reunieron con el tiempo y alguna que otra historia falaz. Jean y los demás estaban sorprendidos de que aquellos simples mortales, ni siquiera cazadores mestizos comunes, tuvieran toda esa información. Era verdad que fuera de los Drovlight, Wholferd y demás sociedades de cazadores, las personas tenían cierto conocimiento de los demonios, pero tal nivel era inesperado, poco común a quienes no se dedicaban al control de plagas demoniacas.
Jean reunió libros en pila sobre una mesa, su altura era considerable. Ella podía decir que era buen material de lectura, aunque ella misma estaba bien ilustrada sobre esos asuntos, no obstante, no era información de esa naturaleza lo que buscaba. Estaban ahí para investigar algo útil sobre los planes que la Matriarca y/o sus esbirros tenían.
Lo más destacado de la habitación era una maquina extraña, de aproximadamente el tamaño de dos refrigeradores juntos; que estaba en una esquina de la habitación. Los cazadores trataban de descifrar que hacía. Jean no había prestado demasiada atención hasta que junto con unos gemidos colectivos de los pseudodemonios… una abrumadora energía demoniaca llenara el ambiente.
Era tal que el vello corporal de la pelirroja se engrinchó.
No solo ella se dio vuelta para ver lo que ocurría, todos sin excepción reaccionaron igual.
-¡Te dije que era sospechoso!-uno de los rubios dijo en protonórdico.
-no me digas…-habló otro con sarcasmo.
-¿Que carajos es eso?-intervino Aleskandra abriéndose paso, el pequeño grupo de cazadores que estaban rodeando la maquina le dieron un lugar. Nicola estaba entre ellos.
Jean se aproximó también, pero no ingresó con la misma facilidad que la mujer Drovlight, los hombres no se fijaron en la Wholferd y ella los tuvo que empujar impetuosamente, ignorando cualquier civilidad. Se quejaron un poco pero se apartaron, y Nicola recibiéndole, la rodeó con un brazo apartando a los demás guerreros, para que su prima tuviera algún espacio personal medianamente suficiente, incluso si era un espacio personal compartido por ambos Wholferd.
-Abrimos esto, hackear el puto sistema fue una hazaña-explicó uno de los hombres señalando lo que parecía una crio cámara, como del tamaño de un microondas-tan pronto lo hicimos la energía escapó al ambiente.  
Dentro de la maquina había un paquete de pequeños cilindros llenos de liquido, un liquido naranja brillante. Jean no necesitaba confirmación a cerca de lo que eso era, podía sentirlo, era tan obvio como saber que en un incendio el calor procedía del fuego.
-¿Esto… es energía demoniaca liquida?-inquirió sin aliento un cazador dentro del cumulo de personas.
-por lo que veo, si. La matriarca debió darse muchos buenos tragos con esto, como para ser capaz de invocar tantos familiares, incluso con sus aliados demonios-comentó Aleskandra mirando con el ceño fruncido a la máquina.
-Deberíamos quemar de una vez este sitio-sugirió una chica que recién aparecía entre el grupo-no hay nada útil, antes de escapar o de morir, quienes estaban aquí hicieron pedazos la evidencia.
Hizo un gesto hacia fuera del grupo.
Jean no fue a verlo personalmente, pero oyó poco después de llegar, a los Drovlight quejarse que había un montón de papeles destrozados sin piedad arrojados al inodoro del baño más cercano.
-Es cierto, lo único entero es ese plano de un edificio que ni conocemos-señaló otro cazador- aunque lo identificáramos, puede ser algo sin relación, o puede ser una trampa.
Jean observó los frascos llenos de energía demoniaca liquida, sin apartar la vista de ellos dijo:
-Si a nadie le importa, tomaré estos-ella agarró en sus manos la bandeja donde los contenedores estaban ordenados-puedo darle uso.
Todos la miraron, pero nadie hizo nada para detenerla.
Nicola, quien estaba callado y pensativo observando la maquina, la tocó con una mano y frunció el ceño.
-¿qué haces?-quiso saber la líder rubia con curiosidad.
-Todos nos estamos preguntando porque y como tiene Medici esta energía liquida aquí ¿no?-la atención de los presentes fue como una afirmación-intentaré ver si esta cosa se conecta con algo, no hay nada más que revisar, esto o bien es una máquina para conservar la energía demoniaca en esos contenedores…
-O bien sirve para transmitirla o envasarla, quizás todo lo anterior-completó Jean aun sosteniendo la bandeja.
 El pelirrojo asintió. Aleskandra le instó con un gesto para que procediera.
-Alary, hagámoslo-dijo él, entonces sus ojos se volvieron negros como la noche y de su mano una sombra negra se extendió por la maquina que tocaba, hasta cubrirla totalmente.
Enseguida la sombra traspasó el objeto y desapareció en su interior. Nicola tenía su ahora oscura mirada perdida. La habilidad que la Banshee, Alary le proporcionaba, era la de crear un fantasma capaz de viajar fuera del cuerpo de Nicola. Sin embargo, no era invisible así que no era útil para espiar y por otra parte, tampoco podía durar mucho tiempo dado que agotaba a Nicola.
Al cabo de unos minutos en los que el chico Wholferd sudaba copiosamente por el esfuerzo…. Su rostro cambió y pareció sorprendido por algo, el brazo alrededor de Jean se apretó. A continuación Nicola trasmutó su expresión otra vez, ahora denotando horror.
De un jadeo soltó la maquina y su mirada volvió a la normalidad, ante los pseudodemonios expectantes.
-¿Estás bien?-masculló Jean preocupada.
Nicola tragó saliva, con la mano en el pecho.
-¿Que viste?-pidió Aleskandra cruzando los brazos, con ademan autoritario.
-El Fear.
Sobrevino el silencio.
-Se mas especifico-pidió otro rubio Drovlight pasados largos segundos.
-La energía viene transmitida del Fear, no hay error-afirmó el vikingo Wholferd con la boca doblándosele en una expresión torcida.
-Eso explicaría porque se siente esa extraña energía alrededor del complejo-dijo alguien con voz científica.
Aleskandra frunció mucho el ceño, mostrándose perturbada. La mente de Jean trabajaba a velocidad supersónica…
El Fear, energía demoniaca.
El Fear.
El Fear.
Se repetía en su cabeza como el ruido de una alarma.
-¿Dime, no pudieron recuperar información de esto?-preguntó Aleskandra manteniendo la compostura, a quien hizo el Hackeo.
-Use un programa para abrir la combinación, pero antes de eso trate de entrar a la base de datos-explicó con frustración-pude hacerlo, pero estaba vacía, borraron todo antes de irse o de que Bakom irrumpiera.
Ante la mala noticia un Drovlight muy enojado le dio una patada a la maquina, creándole una abolladura. Jean suspiró dejando caer los hombros, otro día sin suerte…
Aleskandra rechinó los dientes.
-Recojan todo lo que determinamos como útil y cualquier tontería que puedan y se quieran llevar-dijo ella en tono de orden-hay que movernos rápido, si lo que me temo que está pasando, de verdad está pasando, habrá mucho trabajo por hacer.
-Incluso si la Matriarca es derrotada…-musitó Nicola sin aliento.
Jean solo pudo pensar en Nolen cuando Aleskandra se dio la vuelta y se marchó. En caso de que esto fuera una confirmación, el futuro era incierto con o sin Anastasia…
Los rubios se empezaron a dispersar aceleradamente, recogiendo todo lo que podían. Jean se quedó inerte por un momento, algo dentro de ella quemaba, una llama de enojo e indignación. Apretó con especial fuerza la bandeja que mantenía en manos. Si la energía provenía del Fear… donde los demonios capturados de la región eran enviados, y de ahí se transmitía energía demoniaca…
Eso no es una cárcel cualquiera, es una central que consume a sus prisioneros demonios para producir energía-dijo Adon con aversión.
Si la Matriarca era derrotada y todo volvía a la normalidad, el descubrimiento de tal escándalo respecto al Fear, podía traer consecuencias inimaginables de todas formas.  El Fear era algo relativamente nuevo, se creó supuestamente para suprimir a los demonios capturados que no fueron eliminados por los cazadores, quienes nunca estuvieron contentos con eso… pero lo toleraban, nadie sabía en realidad lo que pasaba ahí, durante años se teorizó que la energía de la zona era porque había una grieta en el espacio dentro de aquel lugar y los demonios eran devueltos por ella a su plano original; la zona demoniaca….
Algunos demonios demandaron durante años a los cazadores y a la Guardia Cadena que se tenía que hacer algo, que era sospechoso, pero nadie los escuchó.  En años anteriores el tráfico de seres demoniacos fue un tema preocupante, hubo muchos grupos que comerciaban con ellos, por increíble que pareciera, tanto como los demonios hacían daño a los humanos, los humanos encontraron maneras de hacer daño a los demonios. Pero se creía que el asunto estaba zanjado luego de que “La mano del terror” la última organización de tráfico demoniaco conocida en la región, fue destruida… Un motín salido de control, asistido por la Guardia Cadena acabó con el negocio.
El Fear sin embargo, fue ignorado, dado que nunca fue tan extravagante como La mano del terror y semejantes.
Lo que Jean sabia, era que una actividad así no podía ser ignorada actualmente, en especial si se asociaba con gente como Anastasia y la secta. Se sabría eventualmente y los demonios demandarían su destrucción… en el peor caso, venganza. Era deber de los cazadores apoyarlos en aquel asunto, las condiciones de la paz entre ambas sociedades paralelas… era, desde luego, que cada uno controlara a su parte, los cazadores cazaban demonios, si… pero no podían consentir barbarie contra los miembros civilizados que formaban parte de la sociedad demoniaca. Así mismo los demonios gestionarían que sus semejantes hicieran el menor daño posible a los humanos y lidiaría con los problemáticos de la forma que fuera necesaria.
Había violencia a lo lejos, Jean lo sabía.
-¿para qué quieres eso?-Nicola dijo, interrumpiendo sus pensamientos, mientras se movían tras los Drovlight para salir del edificio.
-yo nada, pero más tarde podría serme útil-explicó mientras estudiaba aquel liquido brillante como metal fundido.
-¿Es para Nolen?
Jean asintió.
-Anastasia es muy fuerte, si Nolen llega a luchar con ella, como L’Enfer necesita ponerse a la altura y esto puede darle un empujón.
Jean al pensar en el joven semidemonio, recordó la conversación que tuvieron cuando recién comenzaban a asociarse. Su madre… si realmente estaba en el Fear, la chica Wholferd no quería estar en sus zapatos, tal miseria escapaba al entendimiento de Jean. Sobre todo porque aquella mujer, siendo pariente demoniaca de Nolen, era obviamente L’Enfer, demonios conocidos por ser emisores de energía casi inagotables, mientras se los alimentara bien.
La Wholferd sabía que un L’Enfer podía vivir sin absorber energía ajena, mientras comieran, aunque no alcanzaría de ese modo todo su potencial. Pero a la vez, podían pasar mucho tiempo sin ingerir comida, mientras permanecieran en estado latente, como hibernación, sin actividades extenuantes. Anastasia por lo que Jean sabia, apenas comió durante todos los años en que estuvo cautiva, y ahí estaba, viva…
La misma pesadilla tocaría a su madre dentro del Fear, su tormento podría extenderse por una pequeña eternidad, si los captores sabían cómo proceder.
Le dio nauseas solo pensarlo.
La humanidad a veces era demasiado eficiente dando dar asco.
Cuando pasaron el umbral, llegando al jardín devastado,  el tintineo de un celular llamó la atención de la mujer y su primo. Ella sacó un teléfono pequeño color platinado de uno de los bolsillos que poseía su armadura. El pequeño gadget era un regalo de los Drovlight, temerosos que si cada uno usaba sus propios teléfonos, podrían ser espiados por la secta, algo paranoico pero comprensible, con el historial de amigos influyentes que tenia Anastasia. La única razón por la que todavía había señal de televisión, internet y telefonía móvil en la zona, era que Le Nour estaba “protegiendo” los edificios de comunicaciones, así que describir como “poco fiable” el uso de cualquier compañía telefónica o de internet que tuviera sede local, era demasiado suave.
Jean revisó el mensaje recién llegado:
Está todo listo, espero tu regreso-Angélica.


Algunos tiroteos ligeros más tarde, los pseudodemonios regresaron a Daggry Poxirr ilesos. Los FAID en el paso se apartaron prudentemente de su camino luego de algunos disparos de advertencia y no hubo demonios de la secta  bloqueando la ruta. Una vez todos los vehículos entraron en fila los cazadores se congregaron en las afueras de los barracones, la mayoría para estirarse y disfrutar de su momento libre, dado que no fue necesario enfrentamiento alguno y no había heridos que atender o necesidad de dormir tras actividades extenuantes.
Por otro lado, algunos de los pseudodemonios rubios optaron por bajar el equipaje embargado a Medici, se les notaba con ansias de desplumar todo conocimiento que pudieran extraer de cualquier libro, mapa o panfleto.
Jean y Nicola bajaron del vehículo que los había transportado y posaron sus miradas enseguida en lo más destacable de la zona: Aleskandra hablando con un par de Drovlight, entre ellos Taius, quien estaba fresco como la mañana. Jean entornó los ojos mientras un extraño pensamiento le pasó por la cabeza, donde Taius se nutria con el dolor que provocaba a sus prisioneros, ella no sabía que Nicola tenía el mismo peculiar tren de pensamiento.
-Eso suena como algo que no debimos pasar por alto-admitió Taius con repugnancia, dirigiéndose a Aleskandra-hay que arreglarlo pronto, si el mundo no arde hasta la destrucción, este problema con el Fear nos explotará en la cara tarde o temprano.
-Debemos ir a decirle a Sovr, ¿no lo has hecho verdad?-dijo un Drovlight que Jean no conocía, era casi tan joven como Trixi.
-No-avisó Aleskandra contemplando el brillo de su casco contra el sol-no se siente como algo que se hable por teléfono a menos que no pueda ir yo misma a decírselo en persona.
-Iré a informar a los técnicos… Ruslan va a estar escandalizado con esto-alegó una mujer Drovlight tocándose nerviosamente la cara-ha estado intentando convencerse que era paranoia y eso de que humanos ordinarios estén usando energía demoniaca, era una idea producto de su falta de sueño.
-Eso quisiéramos, voy a hablar con padre-anunció Aleskandra y se marchó camino al interior del barracón.
Los demás se la quedaron mirando mientras se alejaba.
Pronto todos se marcharon a atender sus propios asuntos quedando solo Taius y otro Drovlight hablando entre sí. Jean y Nicola habían estado oyendo la conversación silenciosamente desde una distancia segura, no queriendo involucrarse, pero cuando Aleskandra partió, todo perdió importancia.
 Nicola estudió a su prima por el rabillo de su ojo, encontrándola con las facciones especialmente tensas. Ella tenía el cabello atado en una cola alta así que el pelirrojo Wholferd fácilmente notaba el sudor acumularse en las sienes de su prima.
-¿algo va mal? ¿Algo… mas?-quiso saber el chico.
-Tengo que hablar con Nolen, pronto-dijo ella con amargura-hay una nueva verdad incomoda que debe conocer.
-Finalmente los veo-escucharon decir a una voz masculina.
Ambos Wholferd se dieron vuelta y vieron a Digger, quien les sonreía amistosamente. Los dos pelirrojos tardaron un instante en notar a Trixi parada a un lado del hombre Drovlight, extrañamente silenciosa y evitando mirar a sus congéneres.
-Fue relativamente rápida la inspección, si quieres los detalles pregúntale a Taius o a cualquier otra persona-habló Jean velozmente pasando la mirada de su hermana al Drovlight-no voy a gastar saliva dando explicaciones que cualquier aquí puede dar, Digger Drovlight.
Digger alzó una ceja y Trixi endureció los hombros, recibiendo mal las palabras hoscas de su hermana hacia su rubio compañero. El Drovlight buscó iluminación en Nicola; quien hizo un gesto desentendido, dejándole por su cuenta también.
En lugar de prestar atención a Digger, Nicola se centró en Trixi.
-¿Por qué esa cara? ¿No viste a… tu novia?-deseó saber, pronunciando casi dolorosamente la última palabra.
Nicola no tenía problemas con que fuera mujer, pero no podía evitar incomodarse con el hecho de que Trixi estuviera en una relación con un súcubo. No había hablado mucho sobre el asunto, pero no le hacía falta, Jean entendía perfectamente cómo se sentía… fue un sentimiento compartido.
Jean juraría que vio a Trixi temblar ligeramente dentro de su armadura. Algo iba mal, incluso el incomodo ademan que adoptó Digger le delataba sin reparo.
-ahm… no como esperaba-masculló ella encarando a sus congéneres. Evitando conceder detalles.
Jean le dirigió una mirada dura.
-¿Algo que deba saber?
Trixi resistió el impulso de encogerse frente a la mirada penetrante de su hermana. La menor Wholferd sacudió la cabeza.
-nada indispensable.
Nadie se tragó eso. Pero Jean tenía otros asuntos que atender.
-Bien… ahora mismo, yo voy a volver a casa-anunció Jean llamando la atención de todos alrededor-hay unas cosas que debo arreglar, solo por si ocurre lo peor…
Trixi asintió ahora más compuesta, demostrando tácitamente que acompañaría a Jean.  El primo de ambas intervino:
-Cuenta con….
Nicola fue interrumpido entonces.
-Contigo no-soltó Taius llegando de la nada, casi logrando un salto de Nicola, quien se encontró de un momento a otro, incómodamente cerca del rubio-te necesito aquí.
-¿disculpa?-espetó venenosamente Jean, con mala cara.
-Mis nuevos amigos, confesaron esta mañana el sitio donde se esconde esa rata, Scioli-explicó el rubio poniendo las manos en su cadera y mirando con suficiencia a los dos Wholferd bajo sus platinados ojos-está casi fuera del estado, pero según la esposa del cobarde, el pobre idiota ni siquiera es consciente de que la mujer sabia más de lo que aparentaba.
-Eso se escucha bien… pero ¿Por qué tengo que ir yo?-expresó Nicola estupefacto, señalándose a sí mismo.
-Porque necesitaré a los mejores cazadores que pueda llevar conmigo.
-Taius, ya tienes a docenas a tu servicio-contradijo Digger.
-Tonterías,  hay pocos hombres de confianza como esté-aseguró el rubio dándole un fuerte manotón al hombro del chico Wholferd-No hay necesidad de que vayas a Rodffrider con estas dos, difícilmente las cosas pendientes que Jean dice tener, serán tan complicadas para necesitarte obligatoriamente ahí.
Nicola no pudo objetar.
-Solo por curiosidad-habló Trixi por primera vez en un rato-¿cómo están los prisioneros?
Taius movió su mano como si espantara un mosquito, en un gesto de banalidad.
-Solo un par de bajas-dijo para horror de la joven Wholferd-pero nada de qué preocuparse.
Es Taius –dijo Nanib dentro de Trixi-¡No podía responder de otro modo!
Jean dándose cuenta de que el pseudodemonio rubio no soltaría a Nicola, le dio una palmada a este en un pectoral, así atrayendo su atención.
-Diviértete con Scioli, nosotras nos adelantaremos-le hizo saber suavemente-volveremos a vernos pronto, cuando mucho estaré fuera un par de días.
Nicola puso cara de animal enjaulado mientras Jean se dio vuelta y comenzó a alejarse. Trixi se apresuró rápidamente para alcanzar a la cazadora mayor.
-la camioneta no está…
-No nos iremos ahí-interrumpió Jean-conseguí un auto robado camino aquí, será más seguro.


Jean tomó posesión de un carro abandonado no muy lejos de Daggry Poxirr, tuvo la suerte de no ser destrozado por los demonios y de que su nueva usuaria supiera como encenderlo sin llave. El viaje fue acelerado, Jean no quería detenerse a menos que fuera estrictamente necesario, no confiaba en su nuevo auto para soportar ataques y la idea de quedar varada a medio camino de su casa no era gustosa.
Cuando arribaron por la entrada clandestina del criadero, aparcaron el vehículo y subieron las escaleras hasta la casa. Jean sentía que por fin podía respirar con tranquilidad, no había nada como el hogar…. Mientras tanto Trixi se adelantaba, dejando a Jean atrás, la menor Wholferd estaba sedienta y añoraba tomar un buen vaso de limonada.
Entonces, escuchó un sonido sospechoso.
Pasos.
Trixi se erizó hasta la nuca, respondiendo por instinto sacó su arma. Percibió entonces una ligera energía demoniaca en el entorno y no eran esos frascos que Jean mantuvo guardados en su auto.
Había alguien en la casa.
No queriendo alertar al intruso, se quedó callada y avanzó cautelosamente, contra la pared más cercana. El invitado no deseado estaba tras la pared, así que cuando llegó al arco que daría paso a la sala, al unísono con Nanib contó hasta tres y entonces…
Ingresó de un salto.
-¡Alto! ¡Contra el suelo!-gritó.
-¿¡Pero qué mierda!?-gritó una voz conocida y muy confundida.
Angélica, quien había estado sentada en el sofá frente a una apagada tv, se levantó de golpe y encaró alarmada a Trixi.
-¡¿Angélica?!-chilló Trixi bajando su arma, completamente pasmada ante la vista de su amiga rubia.
-¡Nooo! ¡Soy el fantasma de tu madre!-exclamó la Kirin sarcásticamente con gestos dramáticos-¡Claro que soy yo! ¿Cuántas otras semidemonias rubias que luzcan así conoces?
Trixi no pudo darle respuesta, así que le formuló su propia pregunta luego de unos segundos:
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo siquiera entraste?
-Yo le di una llave-respondió la calmada voz de Jean, que tranquilamente entraba al recinto con naturalidad.
-Si la esperabas aquí debiste haberme avisado…-dijo Trixi guardando su arma y soltando un suspiro.
Jean se encogió de hombros.
-Lo olvidé, no creí que pudieras reaccionar así-admitió con una media sonrisa- buenos movimientos.
Trixi se sonrojó un poco ante los halagos.
-así es, pero ahora lo que importa es que llegaron-dijo Angélica finalmente calmada otra vez y dirigiéndose a Jean-ya tengo todo lo que me pediste… solo tengo algo que decir… ¡¿por qué coño  compraste tanta comida instantánea?! ¡Todas esas malditas cajas pesaban mucho y casi no te gustaban de todos modos!
  Jean puso ojos en blanco.
-Cuando afuera el mundo esté en llamas y no haya nada que comer, me lo agradecerás-respondió con pragmatismo y los brazos cruzados-y no te quejes, eres una yegua. Por los demonios mayores.
-¡Soy una Kirin!
-Da lo mismo, sirven para cargar.
Trixi miró a Jean con suspicacia.
-Digger dice que jurar por los demonios es de mal gusto-dijo,  pero no sonaba como una reprimenda.
La Wholferd mayor viró los ojos.
-Aquí no hay Drovlight, es mi casa y juro por quien quiera-se jactó sin pudor poniendo los nudillos sobre sus caderas, en una pose inflada-es más ¡Adon!
Con un destelló el Adjunto apareció materializado junto a su ama, estirando los miembros despreocupadamente. Angélica rápidamente avanzó hasta el adjunto y se dieron un abrazo apretado, mostrando que se extrañaban mutuamente luego de no verse hacía un tiempo.
 -Se siente bien ser libre, estaba entumecido-celebró él separándose de la rubia.
-Estoy segura de ello-dijo Jean mirando a su adjunto-Ahora. Tu, Angélica y yo tenemos trabajo que hacer, esas cajas de comida no se moverán solas, así que en marcha.


Para Ion Armstrong la noche fue un perjuicio como ninguno que hubiera enfrentado antes. Escapar vivo de las fieras que asechaban en los rincones oscuros fue difícil, pero no tenía muchas opciones, sentía que tratar de pasar cerca de las masas de gente protegidas por los FAID era un riesgo que le costaría fácilmente la vida. Sin su precioso para llegar, el viaje fue largo y complejo, pero no quería ser demasiado obvio en su necesidad de escapar, temía que los FAID sospecharan si él decidía tomar su auto y esfumarse justo cuando ellos iban a hacer una inspección.
Bestias de la secta lo persiguieron un par de veces, pero fueron una preocupación menor… el mayor problema eran los demonios errantes que aprovechando la falta de orden, violaban toda norma y atacaban a placer, cobijados por el caos.
Para el chico semidemonio, la vida no fue tan violenta como la mayoría de sus semejantes, no estuvo bajo constante amenaza, así que no estaba muy preparado ni acostumbrado a lidiar con agresores dispuestos a matarlo. Sin embargo esa noche lo tuvo que hacer, casi siempre huía, pero en dos ocasiones no tuvo opción más que pelear por sobrevivir o perecer en ello. Sin estar herido mortalmente, consiguió triunfar, pero los daños fueron notorios y su ropa no tenia arreglo, esa hermosa camisa que portaba, que una vez fue blanca, quedó desecha; a tal punto que Ion optó por quitársela y continuar su camino con el pecho descubierto, expuesto al frio de la noche.
Sintió un hueco en el estomago, pensando en lo acostumbrados que los Goldman estaban a esas situaciones. Algunos humanos seguramente pensarían que tener poderes demoniacos era genial, porque eso los elevaría por sobre los terrenales y les libraría considerablemente de su vulnerabilidad… pero, aunque fuera cierto, también les sumergía en un mundo mortal, donde morir no era raro, el riesgo  de muerte violenta existía con mucha más frecuencia.
Como en una ciudad donde todos tuvieran armas, todos podían luchar, pero la posibilidad de violencia y asesinato era definitivamente mayor.
 Con discreción, Ion avanzó hasta el barrio que habitaban los Goldman, casi todas las casas y negocios estaban cerradas herméticamente. Bajó del techo por donde circulaba, estando aun a cuadras de su objetivo, para no llamar la atención; caminó el tramo que faltaba. Sintió que lo miraban, de seguro preguntándose qué pasó a su ropa, el origen de esos manchones de sangre que lo teñían y la horrorosa herida que tenía en un brazo.
El hombre, cansado, vio que el amanecer se aproximaba, tragó saliva aun nervioso por la situación y con pasos agotados llegó a la entrada privada del edificio, en el callejón, listo para tocar, pero la puerta se abrió antes de que tuviera la oportunidad de ejecutar la acción.
Jessica estaba al otro lado.
Sus ojos eran grandes y preocupados, dirigiéndose de inmediato al fustigado cuerpo de Ion.
-Por Lucifer, Que…-casi dijo, más fue silenciada por los brazos de Ion, que se cerraron en torno a su novia, con ímpetu.
-Al fin en casa-vocalizó el semidemonio con cansancio, antes de pasar a un estado casi de inconsciencia, donde apenas supo lo que pasaba alrededor.
El resto fue un borrón, solo sabía que la fémina lo llevo dentro, le tendió en el colchón que generalmente ocupaba cuando se quedaba en la casa de los Goldman y le quitó lo que quedaba de su destrozada indumentaria, dejándolo solo en bóxer.  Ion se sentía débil, no por el cansancio, sino porque uno de los monstruos de los que fue víctima, lo mordió dolorosamente en un brazo, liberando veneno en su sistema, eso ralentizó su recuperación y le provocó fiebre.
 Las gemelas eran afortunadas, en circunstancias parecidas, solo tendrían que intercambiar sangre, la chica saludable le daría de beber a su hermana, así pronto desaparecería la intoxicación… Pero Ion no podía, esa ventaja de la sangre Canis infernus para purgar las toxinas, solo servía con parientes cercanos, para todos los demás Canis, dicha sangre seria toxica y acida.
Ion fue vagamente consciente de que Nolen, Jennifer y Titus se fijaron en su estancia, pero apenas sabía lo que ocurría, no registró sus conversaciones, lo único claro era que Jessica lo tenía recostado en su regazo y trataba de limpiar amorosamente la sangre en su cuerpo con un paño húmedo. Miró su brazo herido, estaba vendado, era lo único que podían hacer por él.
Pero significaba mucho para el joven.
Un sentimiento cálido se instalaba en su pecho, aunque estaba tan fuera de sí, como si estuviera drogado por el cansancio y el dolor, una sonrisa complacida no se borraba de su cara, olvidando el frio aterrador de la noche.
Horas pasaron y el sol salió.
Ion estaba despierto y más consciente, pero mantuvo los ojos cerrados. Jessica lo tenía en brazos, boca abajo, con la cabeza enterrada bajo el mentón de la hibrida, dándole el privilegio de aspirar su aroma y sentir los pechos suaves de su novia contra el propio.
-Eviten hablar con los vecinos -dijo Nolen, no muy lejos-pero que no sea demasiado obvio que quieren mantener la distancia.
- Nolen, sabes que no se nos da bien ese tipo de cosas…-replicó Jennifer con nerviosismo, esforzándose en ser racional-podemos actuar como gente normal, casi siempre, pero nos pides… ¿que nos aislemos pero que no lo hagamos a la vez? Es muy complicado para que mi cuerpo y mente lo entiendan.
Ion oyó el ronroneo de Titus cerca de él.
-Es como si nos dices que actuemos naturalmente innaturalmente-explicó Jessica acariciando el pelo de su novio-Ya nos es difícil actuar fuera de nuestra conducta habitual, aun peor ahora, que quieres que hagamos dos cosas que se contradicen.
 Ellas mantenían una clara distancia con casi cualquier persona, especialmente terrenal, a menos que se tratara de negocios, como atender la tienda… pero más que un rechazo directo, las gemelas mostraban casi ningún interés en hablar con cualquiera que viviera en los alrededores. Puede que de vez en cuando tuvieran una agradable conversación con algún cliente frecuente, pero esa era una excepción. Eran gente reservada.
-Mejor lo digo así-repitió Nolen después de un silencio-No hablen a menos que les hablen, creo que eso es mas como son siempre… pero eviten moverse a lugares donde sea fácil abordarlas, lo mejor es evitar preguntas indiscretas.
Ambas suspiraron.
-Como tu digas-aceptó Jane con resignación- Nos quedaremos aquí y trataremos de no ser vistas, pero aun así siento que esto es inútil, como que todo se irá a la mierda igualmente.
-Por como lo dices, haces parecer que la mejor opción es solo salir nosotras mismas y masacrar a los vecinos, para luego culpar a Anastasia-comentó Jessie con un encogimiento de hombros.
-Suena tentador-le apremió su homóloga-aunque no muy seguro con esos FAID ahí afuera, pero solo es una idea…
-Les reprendería moralmente, si tuviera alguna moral para hacerlo-masculló Nolen con pesar-pero luego de lo que hice… no creo ser capaz.
-Era solo un ladrón, Nolen-le recordó Jessica con pragmatismo-que recuerde las leyes nos permiten fulminar a cualquier intruso que entre en propiedad privada, de todos modos.
-No te sientas mal por eso-consoló Jennifer a su hermano.
Nolen no dijo palabra por casi un minuto. Pero su silencio fue interrumpido cuando el semidemonio L’Enfer se desahogó con un bufido resignado.
-sí, el ladrón no importa tanto, lo que no me deja dormir es lo que tendré que hacer pronto a partir de ahora-informó cansadamente-tendré que ser un L’Enfer, uno de verdad.
Ion no entendía a lo que se refería, pero por el silencio y la tensión que se respiraba en el ambiente, Titus y las gemelas debían saber muy bien a lo que el mayor de los Goldman se refería… y no parecía ser ameno.
-Nunca podrías mancharte más las manos que nosotras, aunque lo intentaras-le aseguró Jessie seriamente-si eso te hace sentir mejor, tú no tienes el alma de un asesino.
-Tú nos has amado pese a lo que somos-dijo la otra gemela con firmeza, pero había un atisbo de dolor en su tono-nosotras te amaremos, pese a lo que te conviertas.
Ion podía oír la respiración ligeramente desigual de Nolen, incluso donde estaba. El Armstrong no entendía del todo, pero el tema afectaba profundamente a su cuñado, quien pocas veces era superado por situación alguna.
-Gracias-dijo Nolen en voz baja.

Nolen se marchó poco después, a hacer “Cosas de L’Enfer” explicó. Ion cerca del mediodía comenzaba a sentirse mejor, no perfecto, pero pudo sentarse en el colchón por sí mismo, llamando la atención de las gemelas. Jessica yació con las piernas cruzadas junto al lecho donde su novio dormía y Jennifer a la espalda de la mencionada, recostada en el sofá de la habitación. Ambas, al verlo alzarse se alertaron, Jessica se puso a gatas en dirección al semidemonio para comprobar su estado y Jennifer, que estuvo todo el rato reposando en el mueble, se irguió al momento para contemplar a la pareja.
Todo estaba más penumbroso de lo normal, los ojos de las gemelas llameaba en un rojo infernal, sin embargo, no les hizo parecer intimidantes, no con esas expresiones de preocupación gravadas en sus finos rasgos.
-¿Cómo te sientes?-preguntó Jessie tocándole la mejilla a Ion, con afecto.
-Me arde un poco bajo la piel, pero ya no estoy tan cansado y no me duele como antes-informó viendo que su cuerpo carecía casi por completo de los cortes, raspones y moretones que lo aquejaron en la madrugada-excepto mi brazo, me siento bastante mejor.
Jessica suspiró aliviada volviendo a sentarse con las piernas cruzadas, pero ahora mucho más cerca de Ion. Para el hombre, el solo hecho de tenerla tan cerca y poder disfrutar de su olor, le hacía sentirse en casa.
-nos diste un gran susto esta mañana, Teddy-se quejó Jane poniéndose cómoda en su lugar-ese repentino olor en el aire, a sangre de hibrido Canis Infernus, tu sangre, por poco nos hace saltar de las camas y dar contra el techo.
Las jodidas corrientes de aire en la casa de los Goldman, no dejaban a nadie acercarse a la estúpida puerta, sin ser detectados… Ion lo sabía por experiencia. El olfato de ellos era bueno, pero los olores normalmente no eran tan rápidos, a no ser que fuera como en aquella casa, donde ellos dejaban todas las ventanillas abiertas a propósito, como una especie de alarma. Ion se preguntaba cómo diablos bloquearon todo el lugar sin tapar sus “detectores”.
 -¿Qué infiernos pasó, Ion?-exigió saber Jessica, con tono autoritario.
Ion se desinfló bajo los ojos de ellas, quienes captaron enseguida su desanimo.
-Tuve… que escaparme inesperadamente-confesó con amargura sin sostener las miradas de las gemelas-los FAID querían usar sus nuevos detectores con mi familia... para confirmar que no hubieran demonios infiltrados.
De reojo vio como las mujeres perdían el aliento y se tornaron pálidas, lo que no es fácil con su tono de piel.
-¿Tan de pronto fue? ¿Tanto que ni siquiera pudiste sacar al precioso?-inquirió Jennifer pasmada.
Ion asintió y luego chasqueó la lengua con un ademan miserable.
-de todas formas, no creo que a alguien en esa casa le importe mi desaparición…
-¿Qué pasa con tu padre?-preguntó Jessie rápidamente y con el ceño fruncido-temo que pierda todo el cabello de la desesperación, cuando no pueda hallarte.
-Lo superará, no es como si fuera la última vez que me verá-afirmó el hombre demonio con indiferencia-tendré que volver cuando me reponga… a recoger mis cosas.
Las chicas quedaron en silencio. Ion sabía que ellas no esperaban la simplicidad con la que él estaba dando su anuncio. Se suponía que esta decisión debería ser más meditada, mas discutida….
-¿enserio los dejarás?-rompió la quietud Jane.
-Es definitivo-reiteró-no puedo quedarme, corro el riesgo de ser descubierto… y tengo miedo de que mi madrastra me traicione.
Por su forma de referirse a aquella mujer, no era un secreto para nadie que Ion estaba resentido profundamente. Una mano amable le sostuvo la cabeza y lo instó a levantarla, sacándolo de sus reflexiones, Ion obedeció encontrándose el rostro de su novia, en esos verdes ojos de largas pestañas; había decisión, pero también podía sentir… amor. La vida en los ojos de Jessica, fue una de las muchas características que lo atrapó, esa capacidad de decir todo sin pronunciar palabra, solo con una mirada, todo era claro cual día despejado.
Ella siempre fue capaz de decirle Te amo, sin siquiera abrir la boca, de esa forma.
Solo dedicándole ese gesto, fue lo bastante fuerte, para que Ion se sonrojara y apenas pudiera mantener su mirada.
-Entonces nunca se te olvide, que siempre tendrás un lugar entre nosotros-dijo ella sonriéndole de medio lado-eres parte de nuestra familia, ¿no, Jane?
La novia de Ion miró de reojo a su gemela.
-Por supuesto, te ganaste tu lugar aquí-ella estuvo de acuerdo con una sonrisa amplia y hermosa, muy de su estilo-siempre fuiste uno de los nuestros.
El chico no pudo sino sonreír genuinamente, sentirse aceptado era una sensación maravillosa.
-Gracias, ojala me dijeran esas cosas en casa… por lo general, mi madrastra y hermano no me hablan…
-si tanto te complican la vida, solo comételos-Dijo Jessica con naturalidad sentándose en sus rodillas, con ambas manos sobre el colchón-Así todo estará resuelto. Los muertos no discuten, no traicionan, ni preguntan.
 Jennifer ahogó una carcajada, mientras Ion no supo cómo reaccionar ante la lógica de su novia.
-puede gustarte o no, Teddy, pero ni siquiera tu puedes decir que eso no es cierto-dijo esta, casi como retando a su cuñado para que discutiera, con su más desarrollada moral humana, ante las insinuaciones deshumanas de Jessie.
Ion soltó un largo suspiro.
-No gastaré saliva-anunció y sacudiéndose la nube negra que era su familia, pensó en otros tópicos importantes-les oí discutir con Nolen sobre algo relacionado a los L’Enfer, ¿De qué se trata?-agregó mirando con seriedad y mayor compostura a Jessica.
Ambas perdieron todo rastro de jovialidad, el lenguaje de las semidemonias era cohibido, parecían angustiadas por algo y frustradas por su incapacidad de actuar al respecto.
-Nolen se obsesiona demasiado con nuestra seguridad-comenzó Jessica cabizbaja-desde la última vez que habló con Wholferd no ha dormido prácticamente nada.
Ion mantuvo sus ojos fijos en ellas, sin interrumpirlas.
-Los L’Enfer son demonios que absorben la energía de otros seres para hacerse más poderosos, no es indispensable para que continúen existiendo, pero si para poder llegar a su verdadero potencial-expresó Jennifer sombríamente bajando sus ojos verdes, mirando el suelo- Desde que Nolen fue consciente de cuan poderosa es Anastasia, decidió tomar medidas para no ser superado…
La realización abofeteo a Ion, era un hombre lo bastante inteligente, para sumar dos más dos y ver a donde iba todo.
 -Oh… no…
-Así es-intervino Jessica con desgano, apretando la delgada sabana del colchón bajo sus manos-debe comer, debe matar a otros por su energía, para convertirse en un autentico L’Enfer hibrido.
 Nolen, matando por poder… La sola idea era explosiva en la cabeza de Ion, le cayó como una granada. Incluso si hacía pocos años que conocía al semidemonio, parecía una broma alucinada, ideada por mentes alteradas con estupefacientes. Para la normalidad de la sociedad demoniaca y a pesar de la historia que rodeaba a Nolen, Ion lo veía como uno de los demonios más… humanos que conocía. ¿Como… como…?
-Él no puede…-iba a argumentar.
-Él puede, lo hizo-anunció Jennifer, contundente-anoche un ladrón entró, Nolen lo asesinó.
-oh… uhm.
-Nolen dijo que se mancharía las manos, si con eso garantizaba nuestra seguridad-Jessica habló y se mordió el labio-pero es preocupante, él nunca ha sido así, el Nolen que conocemos no mata sin provocación y sabemos que hacerlo lo altera, peor aún, ahora que nadie lo obliga.
-Se está obligando a sí mismo-argumentó Ion.
Jennifer asintió.
-Pero no es porque lo amenacen, es por nosotras-dijo con un atisbo muy marcado de culpa-todavía, es un fin egoísta, aunque tenga derecho por ley de supervivencia.
-Sus principios morales están en conflicto-señaló la otra Goldman fijándose en Titus, quien apareció repentinamente en la sala, caminando hacia Jane-no quiere hacer daño a inocentes, pero debe hacerlo por protegernos a nosotras y Wholferd. Yo quisiera que no lo hiciera, pero es imposible, ya tomó su decisión.
-No me gusta, pero es por ustedes… así que…-iba a decir el hombre demonio.
-Si nuestra seguridad es pagada por la cordura de Nolen, preferimos correr el riesgo-interrumpió su novia con firmeza viéndole con fiereza, tanta que Ion se sintió intimidado-Lo que hace puede destruirlo por dentro: salió a matar personas aleatorias, maldita sea, tendrá sus motivos, pero conociéndolo podría remorderle la consciencia el resto de su vida, es decir, serán docenas de personas las que deberá matar, no una o dos… porque matar demonios es peligroso, podría atraer a Anastasia si comienza a perseguir a sus familiares.
Hubo silencio, mientras todos pensaban en la realidad que enfrentaban. Titus saltó al sofá de Jennifer y ella lo recibió en brazos con efusividad, mientras el demonio felino ronroneaba, haciendo caso omiso al ambiente tenso y a la situación alarmante.
-Así que… él…-Ion no sabía muy bien que decir.
Jessica entornó los ojos, parecía que algo le lastimaba por dentro.
-Esto puede hacer mucho daño a su psiquis, pocos saben más sobre esos traumas que nosotras-empezó ella con voz lastimosa, su tono hizo que Ion sintiera un vacio en el estomago y dolor en el pecho-podría cambiar a nuestro hermano para siempre, prometimos que lo querríamos no importa en que se convirtiera; pero no queremos que cambie, lo amamos por cómo es ahora, tememos que se vuelva algo irreconocible, como pasó con su hermana.
-Y si Nolen cambia-murmuró Jennifer abrazando a Titus contra su pecho, llamando la atención de los otros dos semidemonios, aunque ella no los miraba al hablar- no sé qué será de nosotras.

Roberth Scioli estaba aterrorizado, escapó de los Drovlight una vez, yendo más allá del cerco a otra propiedad suya, pero estos lo siguieron. No entendía como esos rubios sin cerebro eran tan rápidos y fieros. Esta vez estaba guarecido en una gran hacienda, protegida por muchos hombres armados y traía consigo familiares de la secta para emergencias, regalos de la Matriarca.
Pero fue insuficiente. Los Drovlight llegaron a sus puertas y las derribaron sin compasión, acto seguido comenzó la carnicería, esta vez los cazadores rodearon todo el perímetro, previniendo cualquier posibilidad de escape. Scioli estaba solo en el ático, aterrorizado frente a su escritorio, sentado en un caro sillón, no tenia donde ocultarse, esperaba que en cualquier segundo los Drovlight derribaran la puerta de su oficina, para ponerle sus violentas manos encima. 
Pensando en su esposa e hijo solo pudo imaginar lo peor en mano de aquellas bestias rubias. Ahora le tocaba a él. Los gritos, disparos y rugidos saturaban todo el ambiente, alimentando los nervios del hombre, que temblando se puso las manos en los oídos, como si eso le hiciera escapar de su inminente destino.
-jum, tu incompetencia me asombra-dijo una femenil voz conocida.
Scioli soltó un grito y se echó atrás en su silla con ruedas. Vio una silueta que antes no estaba ahí… en la esquina de su oficina, un encapuchado.
La Matriarca.
-Ma… Matriarca…
La mencionada avanzó a largos pasos hasta estar frente a su escritorio.
-Me has sido muy útil, pero veo que eres incapaz de asegurar tu integridad, a pesar de todo lo que te he dado-dijo ella, sin dejar saber con claridad a Scioli, sus verdaderos sentimientos, su voz era una combinación ambigua entre burla y fastidio.
-¡Son demasiado fuertes! ¡Matan a tus demonios como si fueran ratas, no hay manera de que los pueda detener!-se defendió el humano, parándose de su silla para enfrentar a la semidemonia.
-Rata pareces tú, corriendo así-dijo ella-vine a poner fin a este asunto, si no lo hago ya, en el improbable caso de que escapes con vida de aquí, acabaras corriendo por todo el país huyendo de los Drovlight hasta que por fin te atrapen.
El cuerpo del hombre temblaba contra su voluntad, aquella mujer demonio le asustaba tamañamente, incluso si no podía verle la cara por la capucha. Solo en aquellos momentos, se dio cuenta de que definitivamente fue una espantosa idea aceptar convertirse en su socio. Deseó haber tenido oportunidad de volver atrás en el tiempo y reconsiderar.
Pero no había segundos chances en la vida.
-Que…
La Matriarca sacó algo de su túnica, un papel y lo posicionó en la mesa frente a Scioli.
-Firma esto y prometo que vivirás, tienes mi palabra-declaró la líder de la secta.
El documento expuesto lucia muy oficial, para sorpresa del hombre.
-Que significa…
Una explosión interrumpió su pregunta, el sudor se empezó a acumular más aun en su cuerpo, sabiendo que los Drovlight estaban por alcanzarlo.
-No hay tiempo para leerlo-le hizo saber ella con un encogimiento de hombros-pero para resumir, todo lo que posees pasará a pertenecerme, ya que no tienes herederos por defecto, tu hijo y tu esposa ya no están…
El pánico revistió la cara de Scioli.
-No, ¿estás de broma?
-¿parezco de quienes bromean con los negocios?-preguntó ella poniendo las palmas en la mesa y viendo fijamente a Scioli, a través de su capucha, notándose amenazante.
 Scioli oyó entonces la voz de un Drovlight gritando algo en ese idioma extraño que solo ellos entendían. Al oír aquello, Scioli reaccionó, movido por su instinto de supervivencia rápidamente tomó una pluma y firmó el contrato expuesto por la Matriarca. Nada mas apartar la pluma, ella le arrebató el documento.
Scioli no la podía ver, pero sabía que la semidemonia sonreía ampliamente.
-Fue un gran placer hacer negocios contigo, Scioli-Le dijo alegremente-Ahora vivirás.
A continuación, una mano cubierta por un pañuelo húmedo le cubrió la boca y la nariz sorpresivamente. Scioli soltó un grito que fue ahogado por la tela, luchó para soltarse, pero fuertes brazos lo apresaron mientras el empresario vio como sus fuerzas le abandonaban y el mundo se hizo más difuso, hasta que perdió la consciencia.
Lo único que oía era la risa de la Matriarca en el fondo y los sonidos de Drovlight acercándose.
Todo se tornó negro.